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El crecimiento orgánico empresarial genera un valor superior a largo plazo

Todos los CEOs se han de enfrentar siempre a importantes decisiones que marcan el futuro de sus empresas, sobre todo en lo referente al crecimiento de las mismas, en este sentido ¿cuál es la mejor manera de hacer crecer una empresa? Existen dos tipos de crecimiento diferenciados por los que los CEOs pueden optar; el crecimiento orgánico o interno y el crecimiento corporativo o externo.

El crecimiento orgánico, desarrollado por la propia empresa, suele ser el más habitual elegido por las pymes, especialmente las más pequeñas, y está muy diferenciado del crecimiento corporativo, que suele ser más agresivo y rápido y se da en mercados más maduros y consolidados. Este último, caracterizado por la adquisición y fusión con otras empresas, requiere un mayor compromiso de recursos.

Según un estudio realizado por Mckinsey, los acuerdos importan y son un elemento vital en el crecimiento de una compañía, sin embargo, aunque optar por adquisiciones o fusiones genera mucho crecimiento a corto plazo, el crecimiento orgánico también vale la pena y, aunque no es fácil y puede llevar mucho más tiempo y esfuerzo, a menudo genera un valor superior.

Desde Mckinsey se afirma que el crecimiento externo funciona bastante bien durante los primeros años de muchos CEOs, de hecho, el informe refleja cómo durante los años iniciales del mandato de muchos de ellos el número de fusiones y adquisiciones fue significativamente mayor que en los años posteriores, en los que esta actividad cae, especialmente después del quinto año.

Aunque esto puede suponer un descanso para las empresas de las tensiones asociadas a la integración y el cambio, también puede suponer un periodo de estancamiento para las compañías y una falta de voluntad por asumir riesgos adicionales hasta el final del mandato del CEO. Si este problema no es abordado, esta inacción puede, a la larga, llegar a dañar el rendimiento de una empresa y la pérdida de oportunidades.

En este sentido, el estudio de Mckinsey llega a la conclusión de que, a pesar de que el crecimiento externo es muy importante y beneficioso, no hay que descuidar el orgánico. No es sorprendente que muchos ejecutivos piensen en el crecimiento principalmente en términos de adquisiciones, pero no hay que subestimar el poder del crecimiento orgánico.

Según los datos del informe de Mckinsey, el estudio del rendimiento de las acciones de 550 empresas estadounidenses y europeas de más de 15 años revela que, para todos los niveles de crecimiento de los ingresos, las empresas que tienen un mayor crecimiento orgánico generan mayor rendimiento para los accionistas que aquellas cuyo crecimiento depende de las adquisiciones. La razón principal es que el crecimiento orgánico no precisa de tanta inversión y, con el tiempo, genera mucho más valor.

A menudo, las empresas dejan pasar oportunidades de crecimiento orgánico por dedicar mucho más tiempo a aumentar las ganancias a través de adquisiciones. A raíz de los resultados del estudio, muchas empresas podrían plantearse lo que conseguirían lograr si inclinaran la balanza a favor del crecimiento orgánico.

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