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Por qué fracasan las naciones, según Friedman

Why Nations Fail (Por qué fracasan las naciones) es el título de un libro que Thomas L. Friedman califica de “fascinante” en un artículo de Opinión publicado en The New York Times y del que dice: “Cuanto más lo leo, más me doy cuenta del ridículo que estamos haciendo (EEUU) en Afganistán y de la necesidad de un cambio total en nuestra estrategia de ayuda exterior.” “Pero lo más llamativo -dice Friedman-, son las advertencias que los autores envían a Estados Unidos y China.

El libro está escrito por el economista del MIT, Daron Acemoglu, y el politólogo de Harvard, James A. Robinson y en él se argumenta que las principales diferencias entre los países radican en sus respectivas instituciones. Las naciones prosperan, según escribe Friedman con referencia al libro, cuando desarrollan serias instituciones políticas y económicas y no cuando esas instituciones solo se ocupan de concentrar el poder en manos de unos pocos.

“Las instituciones económicas que obligan a cumplir los derechos de propiedad fomentan las inversiones en nuevas tecnologías generando capacidades adecuadas para el crecimiento económico al contrario que las instituciones económicas denominadas “extractivas” que se estructuran para extraer los recursos de los más para los menos” escriben.

Acemoglu ya había explicado, en una entrevista, que los países prosperan cuando las instituciones políticas y económicas promocionan, capacitan y protegen todo el potencial de cada ciudadano para innovar, invertir y desarrollar. Y ponía como ejemplo lo bien que Europa del Este lo ha hecho desde la caída del comunismo con estados post-soviéticos como Georgia o Uzbekistán, o Israel contra los estados árabes, o el Kurdistán en comparación con el resto de Irak. Todo el mérito es de las instituciones.

La lección de la historia, afirman los autores, es que resulta imposible que una economía vaya bien si no se aplica la política adecuada, por lo que no están de acuerdo con la idea de que China ha encontrado la fórmula mágica para combinar el control político y el crecimiento económico. “Nuestro análisis -señala Acemoglu-, es que China está experimentando un crecimiento en las instituciones “extractivas” bajo el control autoritario del Partido Comunista, que ha sido capaz de monopolizar el poder y movilizar recursos a una escala que ha permitido una explosión de crecimiento económico a partir de una base muy baja pero que no es sostenible”.

El cambio democrático para ser sostenible tiene que surgir de los movimientos de base “pero eso no significa que no haya nada que podamos hacer”, añade. “Por ejemplo, sigue diciendo, deberíamos abandonar la ayuda militar a regímenes como Egipto y concentrarnos más bien en sectores de la sociedad que tienen algo que decir en política. En este momento nuestra ayuda externa a Egipto, Pakistán y Afganistán es en realidad un rescate que pagamos a sus élites para que no se involucren en malas acciones”.

¿Y Estados Unidos?, se pregunta Friedman. A Acemoglu le preocupa que nuestro enorme crecimiento en la desigualdad económica esté socavando la capacidad integradora de las instituciones de EEUU, también. “El verdadero problema es que la desigualdad económica, cuando se hace grande se traduce en desigualdad política”, dice finalmente en el artículo de NYT.

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